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RELIGIÓN CIENCIA Y TECNOLOGÍA
En los tiempos actuales, nos creemos tan cultos, sabios y prepotentes que, en un acto de
soberbia y orgullo, negamos a Dios, a la religión y todo lo que huela a incienso.
A fin de cuentas, en un mundo tan sofisticado como el nuestro... ¿Para qué necesitamos una
religión?
En nuestros días, los productos de la ciencia y la tecnología se han convertido en
las vías ideales para encontrar nuevos dioses, aunque en principio no nos demos cuenta de ello.
El hombre de nuestro tiempo ha sustituído la creencia tradicional por la experiencia intelectual
y sensorial. Incluso, en el pasado se llegó a afirmar que "la religión es el opio del
pueblo".
¿Cómo es posible que Marx no se diera cuenta que el ser humano,
una vez libre de toda creencia religiosa, buscaría otros dioses para colmar su SED DE
TRASCENDENCIA sustituyendo el "opio" por otra "droga"?
Considerar a la religión como una actividad social cuyo objetivo es romper el espíritu revolucionario
de la clase obrera es ciertamente ridículo. Todas las culturas, de una u otra forma han estado
ligadas al fenómeno religioso con mayor o menor intensidad. Otro asunto muy distinto es
utilizar la religión para llegar a controlar ciertos estados anímicos del ser humano y ejercer,
de esta manera, un mayor control sobre la población.
Si a esta situación, añadimos el bajo nivel cultural que en el pasado el pueblo padeció
(y, en la actualidad, tampoco nos quedamos cortos al respecto), no
podemos negar que la religión ha sido un arma eficaz para el control de las masas.
Ahora bien, intentar abolir el movimiento religioso debido a esta causa no tiene sentido alguno.
Muchas actividades del hombre son, en potencia, armas de doble filo. Sin ir más lejos, a nadie
se le ocurriría prohibir la investigación del átomo y partículas por los peligros que pudiera generar.
La investigación atómica y cuántica, también, ha ofrecido, y seguirá haciéndolo en el futuro, múltiples
beneficios para la humanidad. Observemos, además, que en el apogeo del comunismo muchos paises
en comunión con este régimen político conservaron, de forma más o menos oculta, sus creencias
religiosas, a pesar de las directrices opuestas que, por simple ideología, imponía el partido.
Es mucho más traumático que beneficioso abolir una cultura en beneficio de una ideología, sea
cual sea ésta. Es más fructífero, en cambio, aprovechar la base religiosa de un pueblo para
cultivar nuevas formas sociales.
Podemos asegurar que lo que realmente produce alineación en el espíritu humano es la falta de
cultura, la cual, generará falta de discernimiento. El conocimiento, pues, es la base
fundamental para el desarrollo de los pueblos y la religión, en el contexto de una sociedad más
o menos progresista, tendría que ser la sagrada disciplina del espíritu cuyo objetivo sería
enseñarnos a encontrar nuestro propio sendero espiritual, sin imposiciones dogmáticas de
ninguna clase.
¿ES NECESARIA LA CULTURA RELIGIOSA EN NUESTRA SOCIEDAD?
En primer lugar, tal como hemos dicho hace un momento, el ser humano siempre ha tenido deseos
de trascendencia y la religión, desde tiempos inmemoriales, ha venido a proporcionársela.
En cualquier época y cultura, desde los pueblos más primitivos a los más evolucionados ha
existido el movimiento religioso, siempre adaptado al entorno social.
La religión tenía respuestas a las grandes incógnitas que nacían en la mente del hombre dando,
además, cierto grado de esperanza al enfermo y desvalido. Poco importaba que las respuestas
no fueran correctas, al fin y al cabo, la Ciencia también ha cometido grandes errores de
interpretación de la realidad en estudio. Lo verdaderamente importante era y sigue siendo,
el deseo de tranquilizar el espíritu humano.
En segundo lugar, la Ciencia y su hija la Tecnología han llegado a descubrirnos un Universo muy
diferente a las concepciones que existían en el pasado. Se ha desintegrado el átomo y se han
realizado espectaculares avances en todos los ámbitos. Pero, no nos engañemos, las incógnitas
siguen estando ahí. El hombre manipula la vida pero le es absolutamente imposible generarla
a partir de elementos inertes. Obtener aminoácidos a partir de un experimento electroquímico
no significaba, tal como la experiencia demostró en su momento, que el siguiente paso fuera
la creación de una célula viva. El secreto de la vida y la muerte se le escapa al investigador
actual, tal como también ocurría hace siglos. De acuerdo que ahora sabemos mucho más, pero
las incógnitas son, también, mucho más difíciles de resolver .
Hace algún tiempo tuvimos ocasión de acudir a una conferencia a cargo del científico Joan Oró.
Ciertamente, su discurso fue muy interesante, aunque algo ostentoso. Al final de la charla le
preguntamos porqué, a pesar de los grandes avances conseguidos en bioquímica,
aún era imposible crear una celula viva, es decir, un elemento que interactuara con el medio
y pudiera crear copias de sí mismo. En la respuesta del profesor Oró pudimos adivinar la
impotencia de la ciencia actual ante las grandes incógnitas como, por ejemplo,
la creación de vida o, incluso, comprender el complejo mecanismo que hace posible que un ser
humano experimente esa sensación llamada conciencia.
Por otra parte, la acumulación de conocimientos científicos y filosóficos realizada a través
de los siglos, tampoco nos ha proporcionado la gran respuesta...
De esta manera, tambien podríamos hablar de Física o Química y nos daríamos cuenta que, a pesar
de los grandes avances conseguidos, el conocimiento es limitado.
El ser humano, a pesar de ese magnífico desarrollo de la cultura en general, lo único que ha
hecho, hasta ahora, es arañar la capa más superficial del conocimiento. Las grandes dudas,
las grandes preguntas siguen estando presentes. Eso sí, arropadas con mucha ciencia, mucha
tecnología u mucho mundo cibernético que, en este sentido, aún no resuelven nada.
Pensamos que esa impotencia ante el conocimiento superior hace posible el mantenimiento
de la religión. Desde luego, no para sustituir los conceptos científicos sino para
complementarlos, haciendónos conscientes de la relatividad de los conceptos. De la
relatividad del conocimiento. De la gran dificultad del hombre para llegar a la auténtica
experiencia espiritual.
Tampoco vamos a engañarnos, puesto que, la religión ha sido una de las causas más frecuentes
para empezar una guerra. En nombre de la religión se ha matado. En nombre de la religión se
han cometido grandes injusticias. A fin de cuentas la religión ha sido un movimiento social
creado por y para el hombre. Por lo tanto, no nos podemos extrañar si la violencia aparece,
también, aquí.
La religión ha generado violencia pero, también, la ha generado, y mucho, el mundo político.
Nosotros mismos somos focos potenciales de violencia, pudiendo aparecer en ciertas
actividades, no porque éstas sean violentas en sí mismas... Lo cierto es que el problema está
en nosotros, no en la actividad externa realizada.
En ocasiones, la violencia puede aparecer en toda su crudeza, tal como, por ejemplo, en un
enfrentamiento guerrero. Sin embargo, en otros momentos, la descubrimos en un simple gesto,
una mirada, una palabra. Desgraciadamente, es el ser humano, no la institución, el
portador de esa peculiar manera de enfrentarse a los problemas cotidianos. Lo cierto es que
aún somos portadores de una especie de violencia atávica más o menos controlada.
La religión es, pues, la válvula de escape del espíritu. La religión, al igual que el arte, va más allá
que la ciencia o la filosofía. Los conceptos puramente intelectuales pierden aquí el protagonismo que en otras
circunstancias podrían tener, siendo sustituídos por otros valores: intuición, percepción,
pasión, sentimiento o amor transcendente.
Cuando en una sociedad desaparece el movimiento religioso, sea oficial o personal,
automáticamente es sustituído por otras creencias que, en la gran mayoría de casos, son pura y
simples supercherías sin base ni fundamento.
Es posible, también, que nuestro bagaje cultural haga imposible que cualquier superchería se
asiente en nuestro cerebro. En este caso, buscaremos sustitutos sensoriales o intelectuales
más sofisticados.
Sin embargo, el vacío religioso creará una sociedad deshumanizada, fría e indiferente a las
grandes injusticias que nos rodean.
Podríamos aventurarnos a decir que esta huída de la religión que padecemos en la actualidad sea
consecuencia de su propia naturaleza. Esto es, la religión nunca tendría que haber llegado a
ser un conjunto estático de creencias impuestas por las buenas o las malas.
El hombre evoluciona, el conocimiento evoluciona, la sociedad evoluciona y, por extensión,
la religión ha de estar en esa delicada pero fructífera situación de cambio constante,
siempre adaptada a las necesidades del ser humano. ¿Podeis imaginaros una religión llena de
conceptos arcaicos y trasnochados en una sociedad tan compleja y dinámica como la nuestra?
El resultado es muy fácil de adivinar... basta con observar en nuestro entorno inmediato
La religión bien entendida es un factor fundamental en nuestras vidas. La verdadera cultura
religiosa ha de enseñarnos, ante todo, a descubrirnos a nosotros mismos. De esta manera,
entenderemos y aceptaremos mucho mejor el complejo mundo que nos rodea.
Nótese que decimos "religión bien entendida" porque
un ser humano puede poseer una mente sensible al espíritu religioso sin necesidad de comulgar
en ninguna confesión. El espíritu religioso siempre va mucho más allá que la institución y
el dogma.
Sin embargo, no todos los humanos son capaces de encontrar su propio camino. Es, entonces,
cuando la institución religiosa debe entrar en acción para ayudar, encauzar y enseñar, sin imponer.
Según opinión personal, ese es el gran secreto de la religión bien entendida.
Copyright T.A.V.
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